Una pequeña historia de amor





y ahí me encontraba yo  sumergiéndome en su abrazo, deseando que el tiempo pasara más lento mientras miraba sus ojos y sentía como si la emoción empezara a recorrer cada rincón de mi cuerpo hasta encontrar un lugar en mi corazón. Mi corazón empieza a bailar como si se tratara de una fiesta el hecho de tenerla tan cerca de mi, no puedo negar que sentía llegar al cielo al notar que me miraba fijamente. Desee en ese instante besarla, pero esperé un momento más, como queriendo evidenciar una señal en sus ojos que me indicara que también lo deseaba. De repente identifiqué la señal, los dos sonreímos y al cerrar los ojos me acerco para besarla, dulce y apasionada, como llevándome en calma, como enseñándome una sensación jamás experimentada.  


Ya habían pasado varios meses sin poder vernos, y había imaginado muchas veces como sería ese momento en el que nos veríamos de nuevo, el mundo se enfrentaba a una crisis nunca jamás vista y la incertidumbre se apoderaba cada vez de más personas. Un declive social, económico, emocional y espiritual explicaba una sociedad sumergiéndose en una profunda crisis, pero a nivel individual todos luchábamos para mantener la esperanza. Y yo en su mirada la encontraba toda, en su cuerpo una capacidad para abrigarme y llenarme de calma, su calor capaz de distraer mi mente de la tristeza y el miedo pero no de la locura, porque locura era lo que saltaba dentro de mi al sentir sus caricias, como un corazón que entraba en fiesta por sentirla tan cerca.





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